Leyenda del bicho come ruidos, analizado con 6to. grado turno tarde Cuando llegó no era más grande que una hormiga. Invisible, sí, pero una hormiga. Y entró sacando pecho como si fuera a comerse el mundo. Dicen que se metió en el barrio como pancho por su casa. Como ciudadano ilustre. Que empezó el atracón por lo más grande: por la calle principal a la hora en que los autos, la gente y los oficios parecen tener cuerda para rato. Que se tragó las sirenas, dicen. Las bocinas, el ronroneo de los motores, las frenadas de los colectivos y el estornudo de un canillita. Que se metió en los bares y tragó mesa por mesa el tintineo de las tazas, el murmullo de las conversaciones y la melodía de un afilador que se coló por la ventana. Que así fue como en un santiamén y sin que nadie hasta entonces supiera de su existencia, el bicho comerruidos cobró el tamaño de un gato. Que apenas satisfecho con los ruidos de la calle, fue a las fábricas más grandes de la zona. A comerse el traqueteo de la...