Mientras duermen las piedras, Maria Cristina Ramos
Aquí les dejo esta perca
Vivíamos en la orilla del río, en una casa chiquita que nos había dejado el padre de Tere cuando se murió de vejez prematura. Era de buen material y tan bien clavada que podíamos subirnos al techo sin causar ningún desastre.
Mi hermano más grande decía que él era el hombre de la casa pero no le hacíamos caso. Crecer no le había valido de mucho porque seguía comiéndose las uñas y, para su desgracia, la gorra le había quedado chica. Por esos días mi hermano menor daba brincos felices y cantaba porque, por fin, la gorra que tanto había envidiado, ahora le quedaba bien a él.
La mamá no estaba mucho porque trabajaba en las casas lindas y por eso el verano era para nosotros tres.
Teníamos un patio grande que llegaba hasta la orilla del río, y en el patio, el sauce que era como un cielo verde para comer sombra. Más allá estaba la arena, para enterrarse y desenterrarse; después las piedras, las fantásticas piedras con las que rodábamos hasta el agua.
La abuela venía a vernos todos los días y a preguntar si habíamos comido. Siempre le decíamos que sí...
(...)
Mientras duermen las piedras
María Cristina Ramos
Editorial Edelvives
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